(Alessandro)
El coche se detuvo frente a la clínica y fui el primero en bajar. La sirena de la policía aún parpadeaba más adelante, pero el lugar estaba en silencio. Un silencio denso. Como si hubieran arrancado el aire mismo de dentro de aquel edificio.
Diogo y Fernando vinieron justo detrás de mí. Caminamos entre los policías y la cinta de aislamiento. Los ojos de los agentes me siguieron; sabían quién era, pero ninguno se atrevió a detenerme.
—Jesús… —murmuró Diogo al pasar por la puerta abi