Me llevó hasta el sofá con sus brazos firmes alrededor de mi cintura. Todo era muy rápido y, al mismo tiempo, lento. Como si el mundo exterior se hubiera silenciado solo para que nosotros existiéramos allí, en nuestra burbuja de deseo, calor y urgencia.
Diogo me tumbó con cuidado, pero con aquel hambre contenida en la mirada. Sus labios aún estaban sobre los míos cuando se colocó entre mis piernas, su cuerpo presionando contra el mío con precisión. Yo ya no sabía dónde empezaba yo y dónde termi