Constantemente, Marlén atravesaba un límite jamás pasado por alguien en su sano juicio.
—Cosa diminuta, ¿no tienes sensatez? Me cansé de esperar tu aprobación, voy a convertirte en mi luna ahora mismo—, aseguró Elijah antes de inclinar la cabeza, dejando al descubierto sus largos y filosos colmillos.
Ella sintió que estaba realmente perdida, tragó saliva y, como un pez fuera de su estanque, tomaba grandes bocanadas de aire.
—¡Auxilio! Por favor, alguien que me ayude—, chilló desesperada, sintie