Una especie amotinada.
—Ven, no te cortaré—. Elijah extendió su mano y ella dio un paso hacia él.
—Ya sabes. Si lo haces, te daré un pescozón— titubeante, ella permitió que él la agarrara, y no pudo terminar su amenaza cuando sintió el filo cortar la palma de su mano.
—Eres un desgraciado— su grito resonó en todo el salón, haciendo un eco qué hasta los guardias que estaban afuera se rieron divertidos.
—Pulga, quédate quieta— la reprendió Elijah, apretando su herida para que las gotas de sangre cayeran en el interior