Soplos hipnotizantes.
—Obviamente, me iría de aquí. Con lo que me hizo tu tío por puras sospechas, no quiero ni imaginar qué me haría si lo confirmara. Además, entiendo que tu pueblo tiene razones para odiar a los brujos —le contestó con inocencia, creando muecas que a él le parecieron adorables.
Con ternura, él le quitó el espejo de la mano y lo lanzó hacia la cama, luego la jaló del brazo derecho, haciendo que enredara sus brazos alrededor de su cuello.
—No eres una bruja, solo estás teniendo un reflejo mágico —le