Luna despiadada, dile que eres mía.
La fragancia del alfa impregnaba el aire, y Marlen inhaló profundamente cerrando sus párpados, para saborear aquel aroma que invadía su espacio: Era dominante, varonil, y le resultaba excitante, aunque no pudiera recordar el motivo.
«Es delicioso». Sin tapujos se permitía disfrutar de ese olor único entre todos los presentes.
No obstante, la razón luchó contra la irracionalidad de sus sentidos, y con un tirón de conciencia, se reprendió a sí misma mentalmente por dejar que sus pensamientos di