Dispuesto a todo por mi bebé y por mi luna.
En el corazón de un bosque encantado, donde los secretos murmuraban a través de las hojas y las raíces se entrelazaban con los destinos, el trono del rey gnomo se erguía imponente en medio de la corte, siendo un amasijo de ramas antiguas y gemas que captaban la escasa luz, haciéndola danzar en patrones etéreos sobre los rostros atentos de la audiencia. Dayanara se encontraba sentada ante la majestad de aquel reinado, mientras su corazón latía desbocado bajo los tejidos suntuosos que apenas logr