Despertar de inseguridades.
En el área de la cocina imperial del aquelarre de Diamantim, Dayanara estaba desayunando junto a su esposo e hija. Pese a su esfuerzo por aparentar normalidad, la inquietud manchaba su semblante, reflejando una batalla interna por mantenerse serena ante los nervios que se agolpaban en su estómago. Con cada encuentro de miradas con su esposo, su sonrisa se forzaba un poco más y sus dedos se entrelazaban con los de él en una súplica muda. Mientras tanto, él recogía su mano con una frialdad que no