Ava Hills.
La tarde en París se sentía diferente. Mi corazón estaba en llamas.
La tristeza se apoderaba de mis emociones.
—¿Cómo es posible que nadie me avisó que Liam estaba en París.
—El señor David, fue quien atendió las llamadas.
La mucama se mostraba extrañada de que yo no hubiese recibido los mensajes que me había dejado con mi socio.
La sola mención de que Liam me hubiese buscado me llenaba de alegría, pero aun así, una nube oscura de preocupación me envolvía.
—¿Cómo que David lo sabía?