75. Hasta que despierte
75
Eva
—Luna...
—Luna...
Alguien me llamaba desde la distancia, pero mis ojos se negaban a abrirse. Mi cuerpo pesaba como si fuera parte del mismo lecho en el que yacía, y, sin embargo, podía escuchar cada sonido a mi alrededor: los pasos suaves, las voces apagadas, los suspiros de preocupación.
¿No puedo despertar? me pregunté a mí misma, atrapada en algún rincón de mi mente.
Miré a los lados —o eso creí hacer— y no vi a nadie. Solo esa oscuridad espesa que se siente cuando una parte de ti ya