36. Resignación y fastidio
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Serena
Un elegante bolígrafo dorado bailaba entre mis dedos antes de que lo llevara a mis labios, deslizándolo con suavidad mientras revisaba la red de lobos en mi teléfono. La pantalla brillaba ante mis ojos, reflejando cada nuevo reporte que aparecía.
Nada.
Ninguna noticia de la sucia esclava.
Fruncí el ceño, cruzando una pierna sobre la otra mientras me recostaba en la lujosa silla de cuero de mi oficina en la farmacéutica. Desde lo alto del edificio, las luces de la ciudad destellaban com