Capítulo 25. Silencio
Al abrir la puerta de la casa, escuché las voces de mi papá y de Nana en el jardín trasero. El olor a té de hierbas y pan recién hecho flotaba en el aire, cálido y hogareño, como si el mundo no se estuviera desmoronando a nuestro alrededor. Caminé hasta la terraza, donde los encontré charlando bajo la luz tenue de la luna.
—¿Estás bien, Cece? —preguntó papá en cuanto me vio, con el rostro tenso, casi desencajado—. ¿No te lastimaste? ¿Por qué tardaste tanto en volver? Derek me dijo que ya no est