La noche de la gran cumbre internacional de inversores llegó acompañada de una tormenta artificial que hacía danzar relámpagos azulados entre las torres de cristal del Distrito Central. En el piso cien, la gran sala de galas brillaba con la opulencia de los grandes eventos corporativos: lámparas de diseño suspendidas del techo, trajes de alta costura, copas de champán que centelleaban bajo los reflectores y el murmullo constante de los ejecutivos más influyentes del hemisferio celebrando la era