480. Brindis por la mentira.
Narra Dulce.
No puedo quedarme quieta.
El desayuno terminó hace ya varios minutos, pero el nudo en mi pecho sigue apretando, firme, como si cada bocado se hubiera transformado en piedra. Camino por los pasillos largos de esa casa perfecta, sintiendo el eco suave de mis pasos deslizándose sobre el mármol pulido. Llevo las medias puestas y resbalo apenas en cada giro; el suelo está frío, pero mis pies lo están más, y mi cabeza… mi cabeza es un laberinto.
Quiero hablar con Sami. Necesito escuchar