457. Casi humano.
Narra Bruno.
No huele a encierro, o al menos no al encierro que conocí antes, ese que apesta a óxido, a humedad agria, a sudor viejo y miedo acumulado; aquí el aire lleva un perfume distinto, casi insultante: lino caro recién planchado, medicación importada con ese aroma limpio y químico que se queda en la garganta, madera encerada que brilla como si cada superficie hubiera sido acariciada por manos invisibles y obsesivas. Esta celda no tiene barro pegado en los rincones ni cucarachas que se as