366. El descenso del director.
Narra Tomás Villa.
No hay música.
No hace falta.
El verdadero silencio es una orquesta cuando el mundo contiene la respiración, cuando cada alma expectante se inclina hacia adelante, atrapada en una pausa que no entiende, pero intuye como trascendental.
Yo soy esa pausa.
Yo soy el vértice de todos los ojos. Incluso de los que no se atreven a mirar.
Desciendo.
Los escalones del palco crujen, pero no por viejo: por historia. Porque cada paso mío en este teatro resucita algo. Un vestigio de lo que