328. No todos los candados hacen ruido.
Narra Dulce.
No me hace falta que me digan que estoy encerrada. Se nota.
Se nota en los desayunos que llegan siempre a la misma hora, con la misma exactitud de un programa infantil. En las ventanas que no se abren. En las puertas que sí, pero no llevan a ningún lugar. Se nota en los silencios.
En los pasos suaves que escucho desde el otro lado de la pared.
En las miradas de la señora que me cuida y me llama “tesoro” como si no supiera mi nombre.
Y sí: al principio no me importaba.
Al principio