329. Ruido blanco.
Narra Tomás Villa.
El problema de la delicadeza es que, para mantenerla viva, hay que tensar los hilos todo el tiempo. Un mínimo descuido, una palabra de más, y el cristal se empaña. El aire se contamina. La escena se arruina.
Y yo no vine hasta acá para arruinar nada.
La observo a través del monitor de seguridad, con ese vaso de leche tibia entre las manos, con la mirada puesta en la ventana que no se abre. No necesita barrotes. Dulce tiene un tipo de inteligencia que no depende de la edad. Es