323. El ruido detrás del vidrio.
Narra Gomes.
No dormí anoche. Ni la anterior.
Desde que el patrón del asesino dejó de ser un caos y empezó a parecer una estructura, no puedo pegar un ojo. Me levanto con los ojos ardidos, el corazón en pausa y esa sensación en el estómago que uno tiene antes de leer la autopsia de alguien que conoció.
Frente al monitor, la pantalla ilumina apenas el resto del cuarto. Todo lo demás está a oscuras, como si el mundo también quisiera callarse y dejarme pensar. La interfaz de comunicaciones ilegale