322. Los mapas que se queman.
Narra Ruiz.
La hoja está doblada en cuatro. Papel blanco, liso, sin membretes, sin manchas, sin marcas visibles, excepto por esa letra que no reconozco, tan limpia que parece salida de una novela de Borges o de un diagnóstico médico: fría, impecable, sin alma. Lo abro con los dedos manchados de cigarro y desesperación. Dice poco. Pero lo suficiente.
“Si querés volver a verla, llegá solo. Sábado. 23:00. Teatro Olimpo. No olvides la máscara.”
Adjunto, hay una postal vieja. Una foto en blanco y ne