31. Una jaula sin barrotes sigue siendo una jaula.
Narra Lorena.
Hoy el cabaret huele distinto, ya no es el perfume de las chicas o el humo dulzón de los habanos.
Hay una mezcla entre miedo y obediencia. Como si cada paso que damos dejara huellas que alguien está anotando, como si reír fuerte fuera pecado, como si bailar fuera una ofensa. Desde que Ruiz organizó esa cena con sus nuevos “aliados”, todo cambió. Los rostros se endurecieron.
Las sonrisas se volvieron máscaras, y el silencio, rutina.
Me siento en el tocador. Me delineo los ojos, los