247. La sonrisa en el espejo.
Narra Ruiz.
El whisky me quema justo donde quiero: en la garganta, cerca del corazón, pero no tanto como para ablandarme. A través de los ventanales polarizados, el paisaje de la ciudad nocturna se derrama como una joya líquida. Las luces no me ciegan; me acarician. Este piso en Puerto Madero no es un refugio. Es un trono.
Y yo, aunque no me guste admitirlo en voz alta, hace rato que me siento cómodo con la corona puesta.
No soy el tipo de capo que se esconde en cuevas húmedas, rodeado de perro