128. Cama para una traidora.
Narra Lorena.
Estoy pensando en los segundos. En cómo se sienten. En cómo los relojes no los miden bien, porque no pesan igual. Un segundo puede pasarte por el cuerpo como un soplido... o como un cuchillo. Y justo cuando mi mente se pierde en eso, el celular vibra de nuevo.
Pero esta vez suena.
Con esa maldita melodía personal que Ruiz les pone a sus perros más fieles. No es un número cualquiera. No es spam. Es Polo, el que siempre tiene la cara de querer comerse una granada antes que fallarle.