103. Ese algo más que obsesión.
Narra Lorena.
No hay reloj en la pared, pero siento que pasaron horas.
Quizás días.
O toda una vida.
La habitación está diseñada para romperme.
Demasiado suave. Demasiado blanca. Demasiado limpia. No hay barrotes, ni cadenas, ni candados… pero todo está cerrado.
Hasta mi voluntad.
Ruiz es un experto en encierros disfrazados de lujo. Lo sé. Me preparé para esto. Pero no esperaba sentir su lengua otra vez bajando por mi cuello, ni sus manos acariciándome como si aún me perteneciera.
Y mucho