Terca hasta el final.
En el Grupo Moreau, los ascensores subían y bajaban sin pausa.
Catalina caminaba con paso firme por el pasillo principal, la cabeza erguida, la mirada fija al frente. Cada tacón que golpeaba el mármol parecía una declaración de guerra.
Los empleados se apartaban al verla pasar, bajando la vista o simulando estar ocupados. En sus ojos había respeto, pero también temor.
No solo sabían quién era, sino lo que representaba, la mujer que había hecho tambalear al imperio Moreau.
La noche anterior apen