Por los que ya no tienen miedo.
La gala alcanzaba su punto más alto cuando las luces doradas del salón se mezclaron con el murmullo de copas y las risas medidas de los asistentes.
Las conversaciones giraban en torno a cifras, donaciones y alianzas que olían más a negocio que a altruismo.
Todo parecía perfectamente ensayado, hasta que la voz de la anfitriona resonó por el micrófono, quebrando el ritmo superficial del evento.
—Esta noche queremos reconocer a una mujer que ha demostrado que la fortaleza no siempre se mide por lo