Hoy vuelvo a ser Catalina Delcourt.
En la mansión Delcourt, el ambiente era como una olla a presión a punto de estallar.
Luciano estaba en el centro de ese huracán, desmoronándose bajo la máscara de perfección que siempre había mostrado al mundo. Bebía whisky a las nueve de la mañana con la desesperación de un hombre que intenta sofocar un incendio con gasolina.
El cristal de la copa tintineaba cada vez que la dejaba sobre la mesa, solo para volver a alzarla segundos después, buscando ahogar en alcohol la furia