Pruebas.
Duval estaba de pie junto a Luciano, erguido como una sombra imponente que parecía envolverlo en una falsa sensación de seguridad.
Sin pronunciar palabra, le dirigió una mirada fría y penetrante a Luciano, un gesto autoritario que no necesitaba voz.
Ese simple vistazo bastó para que Luciano, por primera vez, se hundiera en su silla como un niño regañado, con el orgullo hecho trizas y un temblor apenas perceptible en sus manos.
Duval dio un paso adelante, inhalando pro