El lobo juzga por su condición.
Luciano fue el primero en entrar a la sala, con el mentón alto, el traje impecable y una sonrisa ligera que no alcanzaba a sus ojos.
Era la sonrisa de quien se sabe poderoso, de quien cree tener a todos en deuda y bajo control.
Esa seguridad era su máscara favorita, una que llevaba años sin quitarse, porque si lo hacía, quizá se derrumbaría todo lo que fingía ser.
Ignoraba que todos lo observaban, tras las recientes noticias que circulaban afuera y de las que él