Esto solo es el principio.
Un murmullo de indignación atravesó la sala como una ola, creciendo hasta convertirse en un caos de voces ahogadas. Algunos jadeos, otros insultos entre dientes.
Los periodistas tomaban notas frenéticamente, los flashes estallaban sin descanso.
Luciano se levantó de golpe, y la silla cayó hacia atrás con estrépito.
—¡Eso es mentira! ¡Lo compraron! ¡Todos lo están! —vociferó con la voz quebrada, los ojos desorbitados y la respiración agitada