Aprendí de ellos.
El sonido del mazo aún resonaba en la memoria de Catalina cuando salió de la sala.
Se apoyó un instante contra la pared fría del pasillo, intentando recuperar el aliento que se le había ido entre las mentiras.
Había soportado todo sin quebrarse, pero ahora el cuerpo le pedía tregua. Las piernas le temblaban y la garganta le ardía por contener las palabras que no podía decir.
Julián se acercó despacio, con esa calma suya que parecía envolverla en medio del caos, com