—¡No, no, no! No tu, ángel.
Fiorella hacia presión sobre su vientre pese a su estado de gravedad, su vientre comenzó a sangrar imparablemente haciendo que sus manos se cubrieran de sangre y entonces comenzó a perder el equilibrio. De nuevo la sostuve y comencé a llorar desesperado, cargado de impotencia. Coloqué una mano sobre las de ellas desesperado haciendo presión también en un vano intento. Ella lloraba desconsolada.
—Theo...el bebé.
—No hables mi amor, pronto saldremos de aquí, todo esta