—¿No quieres comer algo? —insistió por tercera vez mi hermano. Negué.
—Solo quiero estar con ella.
—Bien.
***
Abrí la puerta con el corazón latiendo aceleradamente, Miranda se encontraba allí leyéndole un libro, sentada cerca a la cama, se levantó y me sonrió para abandonar la habitación. Las manos me temblaban sin parar y apreté estas para tratar de controlarlas. Avancé cuidadosamente paso a paso, me costaba tragar.
Mi hermosa mujer estaba tranquila, con esos ojitos marrones cerrados que tanto