—¡Él único corazón de piedra aquí es el suyo, Aaron Greene! Obligándome a ser su esposa de nuevo, pero no lo seré, ¡No lo haré! —exclamó ella con voz firme
Aaron Greene dio un paso atrás y tragó saliva, su mirada era ausente
—Bien, no te obligaré a ser mi esposa —dijo con voz ronca—. No te equivoques, no soy tan ruin, pensé que quizás, aún querrías serlo, pero ya que te niegas, entonces, te dejaré ser mi enfermera y asistente personal.
Ella arrugó el gesto, tan confusa del cambio de reglas po