El anciano llamado Gael esperaba junto a su nieto en la sala de espera
—Abuelo, ¿Cuánto tiempo esperaremos por ese desconocido? ¿Podríamos irnos? —exclamó—. Estoy cansado, tengo hambre.
—Hijo, siempre debemos ayudar a otros, si podemos, la vida siempre devuelve la bondad que das.
El doctor salió y miró a los hombres
—¿Conocen al hombre que trajeron?
Gael negó
—No lo conocemos, ¿él estará bien?
—Bueno, me temo que estará inconsciente por un tiempo, su cabeza tenía un fuerte golpe, como si