Lana lloraba y suplicaba, estaba de rodillas ante su madre, pero ella era tan fría como un tempano de hielo, la mujer ni siquiera la veía, ni siquiera la compadecía, esa mujer no parecía madre, era como una hiena
—¡Por favor, madre! ¡Por favor! Te lo suplico, déjame volver a Ovyu, te juro que conseguiré el dinero, pero no dejes que mis hermanos me lleven con el señor Greene, ¡Madre, por favor, apiádate de mí! —exclamaba con el rostro cubierto de lágrimas, pero la mujer no decía nada, era como s