La brisa suave de la mañana acariciaba su rostro mientras caminaba, pero no bastaba para despejar la nube que le pesaba en la cabeza. Valeska empujaba el cochecito con una calma fingida, casi mecánica, sus pasos sobre la vereda eran firmes, pero dentro de ella todo temblaba.
Adrián dormía tranquilo, con una manita fuera de la manta ligera, el gorrito sutilmente ladeado, completamente ajeno a todo el ruido que palpitaba en la mente de su madre.
El parque estaba casi vacío a esa hora. Algunos adu