La casa se sentía un poco más cálida, con el sonido del ronquido de Adrián resonando en su mente, incluso si el bebé seguía profundamente dormido en su portabebés cuando llegaron. Valeska lo miró con ternura mientras lo acomodaba en brazos del mayordomo, que siempre lo recibía con una sonrisa suave y los brazos abiertos. No dijo nada. Solo asintió cuando ella le pidió que lo mantuviera abrigado, bien alimentado, y lejos de cualquier tensión.
Oliver la observó desde el umbral, con las manos en l