A pesar del nudo que le apretaba la garganta, Valeska cruzó la calle con paso decidido. El corazón le latía tan fuerte que sentía su pulso en las sienes, como si cada latido gritara que no debía estar ahí, que no debía ver lo que había visto… pero, aun así, necesitaba respuestas. No podía quedarse con esa imagen clavada en el pecho. No después de todo lo que había pasado. No después de lo que compartieron, de lo que construyeron, de lo que fueron.
Lisandro, al verla acercarse, pareció sorprendi