Durante los primeros días después de que Lisandro se marchara, Valeska trató de mantenerse fuerte. Aunque su ausencia dolía, al menos había cierta constancia en los mensajes y llamadas que recibía de él.
Era como si, a pesar de la distancia, siguieran sosteniéndose el uno al otro con palabras, con esos pequeños gestos que solo quienes están realmente conectados saben valorar.
Las conversaciones no eran largas ni demasiado profundas, pero eran suficientes para que ella sintiera que él todavía es