La noche había caído sin hacer ruido, extendiéndose como una sábana opaca sobre la ciudad, mientras Fabricio regresaba en su auto por calles que ya conocía de memoria. Las luces de los semáforos parpadeaban entre rojo y verde sin que nadie les prestara demasiada atención, y el murmullo constante de las ruedas sobre el asfalto apenas lo sacaba de sus pensamientos.
No era la primera vez que volvía del edificio de la fiscalía con más dudas que certezas. Pero esta vez había algo distinto. Esta vez,