La tarde parecía arrastrarse con un silencio extraño, como si el tiempo mismo se hubiera detenido a observar. Las nubes no se movían. El viento no soplaba. Y aun así, todo en el aire olía a amenaza. A algo contenido que estaba por estallar.
Valeska esperaba sentada en la mesa más alejada de la terraza de aquel café discreto, con una vista directa al parque central. Frente a ella, una taza de café se enfriaba con lentitud, ignorada. El vaivén nervioso de sus dedos sobre la cerámica era lo único