Valeska apoyó la frente contra la puerta de la habitación, como si en ese contacto mínimo pudiera encontrar una respuesta, una señal, algo que le dijera que Lisandro iba a despertar. Pero no hubo nada. Solo el silencio imperturbable del pasillo, el zumbido lejano de un monitor y la vibración muda de su celular, que ignoró sin siquiera mirar la pantalla.
El mundo podía detenerse, podía arder allá afuera, pero dentro de ese pasillo, solo existía ese cuarto y el cuerpo quieto que lo habitaba.
La p