La voz que anunció el código azul había desaparecido hacía minutos, pero para Valeska el sonido seguía rebotando dentro de su cráneo como una campana maldita, retumbando una y otra vez, golpeando el interior de su pecho con una violencia que no sabía cómo manejar.
Sintió que los pulmones se le llenaban de fuego y luego de hielo, como si su cuerpo estuviera intentando colapsar desde adentro, pero por fuera… no se le movió ni un solo músculo. No pestañeó. No apretó los dientes. No soltó a su hijo