La habitación del hospital estaba sumida en un silencio espeso, solo interrumpido por el sonido constante del monitor cardíaco y el leve murmullo de las voces en los pasillos. Valeska se acomodó en la cama con esfuerzo, tratando de encontrar una postura que aliviara el peso que sentía en su vientre y el cansancio que le calaba los huesos.
Lisandro permanecía de pie junto a ella, con los brazos cruzados y una expresión inescrutable. Aunque su postura parecía relajada, Valeska podía notar la tens