El amanecer llegó con una luz pálida que se filtró por las cortinas de la habitación, pero Valeska apenas la notó. Su cuerpo se sentía pesado, como si la energía la hubiera abandonado por completo durante la noche.
Intentó incorporarse, pero un mareo repentino la obligó a apoyarse contra el colchón. Un escalofrío recorrió su espalda, y el malestar en su vientre se intensificó con un dolor sordo y constante.
No podía ignorarlo.
Sabía que el estrés del día anterior le había pasado factura, pero n