El silencio que quedó en la habitación después de la partida de Theo era pesado, denso, casi sofocante. Valeska sintió su pecho comprimirse, no solo por la tensión del momento, sino por los recuerdos dolorosos que se habían abierto de golpe, como una herida que jamás terminó de cicatrizar. Su respiración era irregular, y aunque quería tranquilizarse, su cuerpo parecía no responderle.
—Oliver, llama a un médico ahora mismo —ordenó Lisandro, el cual, no estaba dispuesto a permitir que algo le pas