El coche gira en una calle tranquila, alejándose del bullicio de la ciudad, y Erika, finalmente, se atreve a romper el silencio una vez más.
—¿Vas a estar en la oficina el lunes? —su voz es suave, pero hay una curiosidad genuina en sus palabras. No es solo una pregunta sobre el trabajo, es una pregunta que lleva implícita la necesidad de saber cómo continuará esta dinámica entre ellos.
Alessandro, sorprendido por la pregunta, mira hacia el espejo retrovisor antes de responder.
—Sí, claro. Estaré allí. —Su tono es firme, pero hay una pequeña sonrisa que se asoma en sus labios, aunque es breve. —Te espero para seguir con el proyecto.
Erika asiente, su mente comenzando a procesar todo lo que ha pasado y todo lo que aún está por venir. A lo lejos, las luces de su barrio se hacen más visibles, y el coche disminuye la velocidad a medida que se acerca a su destino.
—Gracias… —dice en voz baja, más para sí misma que para él, pero Alessandro la escucha y no dice nada más, reconociendo la grati