El día catorce no comenzó como los anteriores. No hubo una transición suave entre la noche y la mañana. No hubo ese instante en el que el cuerpo despierta lentamente y la mente se acomoda.
Para Erika… el día no empezó.
Simplemente continuó.
Porque en realidad, nunca había dejado de pensar.
Las luces se encendieron a las 07:00, como siempre.
Pero ella ya estaba sentada en la cama.
Con la espalda recta.
Los ojos abiertos.
Despierta desde hacía horas.
El silencio de la habitación era distinto esa