El equilibrio no se rompió.
Pero tampoco se quedó inmóvil.
Lo que comenzó a ocurrir después de ese punto no fue una alteración brusca ni una nueva expansión evidente. Fue algo mucho más sutil, más profundo… y, por lo mismo, más difícil de ignorar.
El campo no se mantuvo estático.
Se refinó.
Erika lo sintió primero como una disminución casi imperceptible en la “densidad” de esa presencia que los rodeaba. No desaparecía, no se debilitaba… pero se volvía más preciso, como si eliminara todo lo inne